Capítulo 5
Cocaína y crack

Oferta y disponibilidad de la cocaína (133)

Producción y tráfico

La cocaína es la droga de mayor tráfico del mundo, después de la hierba de cannabis y la resina de cannabis. En términos de volumen incautado (578 toneladas en todo el mundo en 2004), el tráfico se continúa produciendo sobre todo en Sudamérica (44 %) y Norteamérica (34 %), seguidos de Europa Occidental y Central (15 %) (CND, 2006).

Colombia es, con diferencia, el principal proveedor de coca ilegal del mundo, seguido de Perú y Bolivia. Se calcula que la producción mundial de cocaína se incrementó hasta las 687 toneladas en 2004, el 56 % de ellas procedentes de Colombia, el 28 % de Perú y el 16 % de Bolivia (ONUDD, 2005). La mayor parte de la cocaína incautada en Europa procede directamente de Sudamérica (en su mayor parte, de Colombia) o se introduce a través de América Central y del Caribe. En 2004, Surinam, Brasil, Argentina, Venezuela, Ecuador, Curaçao, Jamaica, México, Guyana y Panamá figuraban como países de tránsito de cocaína hacia la UE (informes nacionales de la red Reitox, 2005; OMA, 2005; CND, 2006; JIFE, 2006a; Europol, 2006). Otra de las zonas de tránsito para el tráfico de esta droga es África, con una relevancia cada vez mayor de las rutas por África Occidental y los países del Golfo de Guinea (en su mayor parte, Nigeria), así como por África Oriental (Kenia) y el noroeste del continente africano, a través de las islas situadas frente a la costa de Mauritania y Senegal (CND, 2006; JIFE, 2006a). Los principales puntos de entrada en la UE siguen siendo España, los Países Bajos y Portugal, además de Bélgica, Francia y el Reino Unido (informes nacionales de la red Reitox, 2005; CND, 2006; Europol, 2006). A pesar de que España y los Países Bajos siguen desempeñando un papel importante como puntos de distribución de la cocaína que se introduce en la UE, el aumento de controles en la costa del norte de España (Galicia) y la política de controles del 100 % de los vuelos que provienen de determinados países (134) en el aeropuerto de Schiphol (Amsterdam) podrían haber influido en el desarrollo de rutas alternativas como, por ejemplo, el creciente tránsito por África, así como Europa Central y Oriental (informes nacionales de la red Reitox, 2005; OMA, 2005; JIFE, 2006a).

Incautaciones

Se estima que en 2004 se realizaron 60 000 incautaciones con 74 toneladas de cocaína en la UE. Según los informes, la mayor parte de la cocaína se incauta en los países de Europa Occidental y, en especial, en España, que representa alrededor de la mitad de las incautaciones y cantidades aprehendidas en la UE durante los últimos cinco años (135). Durante el período comprendido entre 1999 y 2004, el número de incautaciones de cocaína (136) aumentó de manera general en la UE, mientras que las cantidades (137) aprehendidas registraron fluctuaciones con una tendencia al alza. No obstante, tomando como referencia las tendencias de los países que han facilitado información, la cantidad de cocaína incautada parece haber disminuido en 2004 (quizá en comparación con la excepcional cantidad recuperada en España el año anterior).

Precio y pureza

En 2004, el precio medio de la cocaína en el ámbito minorista presentaba considerables variaciones en la UE, desde los 41 euros por gramo en Bélgica hasta los más de 100 euros por gramo en Chipre, Rumanía y Noruega (138). Los precios medios de la cocaína, una vez corregidos los efectos de la inflación (139), muestran una tendencia general a la baja durante el período 1999-2004 en todos los países que han proporcionado información (140) excepto en Luxemburgo, donde experimentaron un descenso hasta el año 2002 seguido de un aumento, y en Noruega, donde los precios sufrieron un aumento vertiginoso en 2001 y se estabilizaron durante los años siguientes.

Comparada con la heroína, la pureza media de la cocaína para el consumidor es elevada. En 2004 oscilaba entre el 24 % en Dinamarca y el 80 % en Polonia, si bien la mayoría de los países informaron de un nivel de pureza de entre un 40 % y un 65 % (141). La información disponible para el período 1999-2004 revela un descenso general en la pureza media de la cocaína en la mayoría de los países que han proporcionado información (142). Sin embargo, en Estonia (desde 2003), Francia y Lituania el nivel de pureza media ha aumentado, mientras que en Luxemburgo y Austria se ha mantenido estable.

Medidas internacionales contra la producción y el tráfico de cocaína

El proyecto COLA, que lleva a cabo Europol, tiene como objetivo identificar y perseguir a los grupos delictivos latinoamericanos y a los grupos vinculados a éstos que dirigen sus operaciones hacia y dentro de la UE y trafican, sobre todo, con cocaína. Más concretamente, proporciona apoyo operativo a las investigaciones en curso en los Estados miembros que toman parte en esta iniciativa y potencia el alcance de la inteligencia estratégica. Se complementa con el Sistema Europol de Logos de Cocaína (Europol Cocaine Logo System, ECLS) que, mediante un catálogo actualizado anualmente, coteja los modi operandi y la información fotográfica y de otros géneros obtenida de las incautaciones de cocaína con los logotipos/marcas de las drogas y sus embalajes para determinar las coincidencias entre las incautaciones y fomentar la cooperación entre los cuerpos y fuerzas de seguridad y el intercambio de información a escala internacional (Europol, 2006).

La operación «Púrpura», en funcionamiento desde 1999, está destinada a prevenir el desvío de permanganato potásico (143) de comercialización legal para ser usado en la elaboración ilegal de cocaína, en especial en el continente americano. El comercio legal de permanganato potásico posee unas dimensiones considerables: desde 1999, 30 países/territorios exportadores han presentado 4 380 notificaciones previas a la exportación a la JIFE relativas a 136 560 toneladas de permanganato potásico. Asimismo, desde 1999, se han interceptado o incautado 233 envíos con más de 14 316 toneladas de esta sustancia por sospechas ante la legalidad de los pedidos o los usuarios finales, y se han localizado distintos desvíos. En 2004, se incautaron 1,4 toneladas de permanganato potásico en Europa, en su mayor parte en la Federación de Rusia, seguida de Rumanía y Ucrania (144) (JIFE, 2006b).

Los traficantes parecen haber encontrado formas de evitar los controles y mecanismos de seguimiento introducidos por la operación «Púrpura». De hecho, aunque la producción ilegal de cocaína no está vinculada con el continente asiático, existe una creciente preocupación ante la posibilidad de que los traficantes puedan centrarse en esta región para desviar el permanganato potásico del comercio legal. También se teme que puedan desviar esta sustancia a la región andina, a través de las islas del Caribe. La JIFE (2006b) reconoce que se han logrado algunos progresos en la identificación de transacciones sospechosas y la aprehensión de envíos. Sin embargo, ha instado a los gobiernos a crear procedimientos operativos para rastrear el origen de la información recabada en las incautaciones realizadas en laboratorios de cocaína con el fin de realizar un seguimiento de los productos químicos que permita llegar hasta la fuente, determinar los países de tránsito e investigar a las empresas que comercian con esta sustancia y, de esta manera, dificultar la reubicación de las actividades a los traficantes.

Prevalencia y pautas de consumo de la cocaína

Según recientes encuestas de población nacionales, se calcula que unos 10 millones de europeos (145), es decir, más de un 3 % del total de la población adulta (146), han consumido cocaína al menos una vez (prevalencia de vida). Los porcentajes nacionales de personas que admiten haber consumido esta sustancia varían entre un 0,5 % y un 6 %, con Italia (4,6 %), España (5,9 %) y el Reino Unido (6,1 %) a la cabeza de la clasificación. Se estima que unos 3,5 millones de adultos han consumido cocaína durante el último año, es decir, un 1 % del total de la población adulta. Los porcentajes nacionales en la mayoría de países varían entre un 0,3 % y un 1 %, aunque los niveles de prevalencia son superiores en España (2,7 %) y el Reino Unido (2 %).

Como sucede con otras drogas ilegales, el consumo de cocaína se concentra entre los adultos jóvenes. Así, el consumo a lo largo de la vida alcanza los niveles más elevados entre los adultos de 15 a 34 años, aunque el consumo en los últimos 12 meses es superior entre las personas de 15 a 24 años. La cocaína se consume sobre todo entre los 20 y los 30 años de edad, aunque, comparado con el de cannabis, el consumo es menos habitual entre las personas más jóvenes. El consumo a lo largo de la vida entre personas de 15 a 34 años de edad oscila entre el 1 % y el 10 %, y las tasas más elevadas se siguen registrando en España (8,9 %) y el Reino Unido (10,5 %). El consumo en el último año varía entre un 0,2 % y un 4,8 %, con una tasa en torno al 2 % en Dinamarca, Irlanda, Italia y los Países Bajos, y un porcentaje superior al 4 % en España y el Reino Unido (gráfico 6). La información obtenida a través de encuestas escolares muestra una prevalencia de consumo de cocaína a lo largo de la vida muy reducida que varía del 0 % en Chipre, Finlandia y Suecia al 6 % en España, mientras que la prevalencia del consumo de crack a lo largo de la vida es todavía inferior, desde un 0 % hasta un 3 % (Hibell et al., 2004).


Gráfico 6 Prevalencia del consumo de cocaína durante el último año entre la población adulta (entre 15 y 64 años) y entre la población adulta joven (entre 15 y 34 años o entre 15 y 24 años, respectivamente)

N. B.:

Los datos proceden de las encuestas nacionales disponibles más recientes en cada país en el momento de realización del informe. Para más información, véanse los cuadros GPS-8, GPS-11 y GPS-18 del boletín estadístico de 2006.

Fuentes:

Informes nacionales de la red Reitox (2005), extraídos de encuestas de población, informes y artículos científicos.

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El consumo de cocaína es más elevado entre los varones jóvenes. Por ejemplo, las encuestas realizadas en Dinamarca, Alemania, España, Italia, los Países Bajos, el Reino Unido y Noruega revelan que entre el 5 % y el 14 % de la población masculina de 15 a 34 años han consumido cocaína alguna vez en su vida. El consumo en el último año fue inferior, aunque, por otro lado, cuatro países registraron cifras superiores al 3 %: según sus informes, España y el Reino Unido registraron entre un 6 % y un 7 % (147), porcentajes que sugieren que, en estos países, aproximadamente uno de cada 15 varones jóvenes ha consumido cocaína recientemente. Es de suponer que esta proporción será considerablemente superior en las zonas urbanas.

En el conjunto de la población, el consumo de cocaína es aparentemente ocasional, tiene lugar principalmente los fines de semana y en entornos recreativos (bares y discotecas), donde puede alcanzar unos niveles bastante elevados. Los estudios de investigación realizados con gente joven en locales de música y baile de distintos países arrojan estimaciones en cuanto a prevalencia de consumo de cocaína mucho más elevadas que las obtenidas entre la población general, con una prevalencia de vida entre el 10 % y el 75 % (véase la cuestión particular sobre consumo de drogas en entornos recreativos). A modo de ejemplo, según los datos del British Crime Survey 2004/2005 [Estudio sobre la delincuencia británica de 2004/2005] la prevalencia estimada de consumo de drogas de «clase A» entre los asiduos de discotecas y clubes es al menos dos veces superior a la de las personas que no suelen frecuentar estos entornos (Chivite-Matthews et al., 2005) (véase también la cuestión particular sobre consumo de drogas en entornos recreativos). Una media de un tercio de la población adulta europea que ha consumido cocaína en alguna ocasión lo ha hecho en los últimos 12 meses. Sin embargo, sólo el 13 % afirma haberla consumido en los últimos 30 días. Por ejemplo, entre un 2 % y un 4 % de los varones de entre 15 y 24 años en España, Italia, el Reino Unido y Bulgaria (148) reconocen haber consumido cocaína en los últimos 30 días. En Europa, se calcula a groso modo que actualmente 1,5 millones de adultos de entre 15 y 64 años consume cocaína (80 % de ellos en la franja de edad de 15 a 34 años). Este cálculo debe considerarse una aproximación a la baja, ya que probablemente no se declaran todos los casos.

Las pautas de consumo de cocaína difieren enormemente entre los distintos grupos de consumidores. De acuerdo con un estudio europeo realizado en varias ciudades, la gran mayoría (95 %) de consumidores definidos como socialmente integrados esnifan cocaína, mientras que solamente una pequeña parte ha fumado o se ha inyectado esta droga en alguna ocasión; sin embargo, el consumo combinado con cannabis o alcohol es muy frecuente (Prinzleve et al., 2004). Entre las personas en centros de tratamiento por drogadicción o los grupos socialmente marginados es frecuente el consumo por vía parenteral. Asimismo, en Hamburgo, Londres y París y, en menor medida, Barcelona y Dublín, es habitual el consumo de crack, aunque es bastante bajo entre la población general europea. Por ejemplo, según los informes la prevalencia de vida del consumo de crack representa sólo un 0,5 % en España (2003) y un 0,8 % en el Reino Unido (Chivite-Matthews et al., 2005). En tres países se han realizado encuestas sobre la prevalencia de vida del consumo de crack en clubes, que han puesto de manifiesto que los porcentajes son incluso menores que los de consumo de heroína (República Checa 2 %, Reino Unido 13 % y Francia 21 %). No obstante, el consumo de crack entre la población marginada o los consumidores de opiáceos es un asunto preocupante en algunas ciudades. Por ejemplo, en un grupo objetivo de 94 trabajadoras del sexo en las calles de Amsterdam, la prevalencia estimada de consumo de crack durante la vida era extremadamente elevada, situándose en un 91 % (Korf, 2005, citado en el informe nacional de los Países Bajos).

Por otro lado, de acuerdo con la encuesta nacional sobre consumo de drogas y salud realizada en los Estados Unidos en 2004, el 14,2 % de la población adulta (a partir de 12 años de edad) revela haber consumido cocaína alguna vez en su vida, una cifra que contrasta con la media del 3 % registrada en Europa. El consumo durante el último año alcanzó un 2,4 %, comparado con la media europea del 1 %. Sin embargo, en algunos países de la UE, como España (2,7 %) y el Reino Unido (2 %), las cifras se encuentran en la misma franja que en los Estados Unidos (149). En parte, los porcentajes relativamente elevados de los Estados Unidos podrían estar relacionados con la difusión de la cocaína en este país, que tuvo lugar antes que en Europa.

Entre la población adulta joven (entre 16 y 34 años de edad), las tasas de consumo de los Estados Unidos fueron del 14,6 % (a lo largo de la vida), 5,1 % (último año) y 1,7 % (último mes), mientras que las medias de los países de la UE para la población de 15 a 34 años, fueron del 5 % (a lo largo de la vida), 2 % (último año) y 1 % (último mes), respectivamente.

Tendencias del consumo de cocaína


Gráfico 7 Tendencias de la prevalencia del consumo de cocaína durante el último año entre la población adulta joven (entre 15 y 34 años)

Gráfico 7

N. B.:

(1) En Dinamarca, la cifra relativa a 1994 corresponde a drogas duras.

Los datos proceden de las encuestas nacionales disponibles más recientes en cada país en el momento de realización del informe. Para más información, véase el cuadro GPS-4 del boletín estadístico de 2006.

Fuentes:

Informes nacionales de la red Reitox (2005), extraídos de encuestas de población, informes y artículos científicos.

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Desde hace varios años se está alertando sobre el posible aumento del consumo de cocaína en Europa, de acuerdo con información procedente de distintas fuentes (como los indicadores de mercado, las solicitudes de tratamiento o las víctimas mortales). Cada vez más países llevan a cabo encuestas periódicas y cada vez existe más información sobre las tendencias del consumo de cocaína entre la población. Sin embargo, los datos disponibles todavía son limitados. En el caso de la cocaína, existen dificultades añadidas, como los bajos niveles de prevalencia y el hecho de que probablemente no se declaran todos los casos.

El consumo reciente de cocaína (últimos 12 meses) aumentó considerablemente entre la población adulta joven durante la segunda mitad de los años noventa, tanto en el Reino Unido, hasta el año 2000, como en España, hasta el año 2001, con una estabilización aparente durante los últimos años. En Alemania, durante la década de los noventa se apreció un aumento moderado, pero las cifras han permanecido estables durante los últimos años, en unos niveles muy inferiores comparados con los de España y el Reino Unido (gráfico 7).

Se han detectado aumentos moderados en el consumo durante los últimos 12 meses en Dinamarca (hasta el año 2000), Italia, Hungría, los Países Bajos (hasta el año 2001) y Noruega. Esta tendencia debe interpretarse con prudencia, ya que se basa en los datos obtenidos de sólo dos encuestas por país.

En el caso de la cocaína y otras sustancias, como el éxtasis, las anfetaminas o los hongos alucinógenos, las tendencias se podrían determinar mejor si el análisis se centrara en los grupos donde se concentra el consumo de drogas, en especial, los jóvenes que viven en zonas urbanas. Estos grupos de población se estudian con mayor detalle en la cuestión particular sobre consumo de drogas en entornos recreativos. Asimismo, la información obtenida de las encuestas debería completarse con estudios específicos sobre gente joven de grupos seleccionados (clubes nocturnos).

Datos relativos a la demanda de tratamiento (150)

Tras los opiáceos y el cannabis, la cocaína es la droga que con más frecuencia se declara como razón por la cual se inicia un tratamiento de desintoxicación, y en 2004 representaba alrededor del 8 % de las solicitudes de tratamiento de toda la UE (151). Cabe destacar que España, un país que suele informar de unas cifras de demanda de tratamiento por consumo de cocaína bastante elevadas, todavía no ha proporcionado información. Esta cifra general refleja amplias variaciones entre países: la mayoría registra un total bastante reducido de solicitudes de tratamiento relacionadas con el consumo de cocaína, aunque en los Países Bajos (37 %) e, históricamente, en España (26 % en 2002) la proporción de los pacientes que solicitan tratamiento por consumo de cocaína es bastante más elevada. Los últimos datos disponibles revelan que el porcentaje de pacientes que solicitan tratamiento por consumo de cocaína en una serie de países (Dinamarca, Alemania, Francia, Irlanda, Italia, Chipre, Malta, Reino Unido y Turquía) representa entre un 5 % y un 10 % de los pacientes en general, mientras que en los demás países las proporciones son muy inferiores (152). En varios países, los porcentajes de nuevos pacientes que solicitan tratamiento por consumo principal de cocaína son más elevados que los de los pacientes generales (153), y en torno a un 12 % del total de solicitudes nuevas de tratamiento están relacionadas con el consumo de esta sustancia. Además, aproximadamente un 12 % de los nuevos pacientes declaran consumir cocaína como droga secundaria (154).

Continúan las tendencias al alza surgidas durante los últimos años entre los pacientes que solicitan tratamiento por consumo de cocaína. Un análisis que interpoló datos no declarados sugiere que la proporción de nuevos pacientes que solicitan tratamiento por consumo de cocaína aumentó desde un 10 %, aproximadamente, hasta un 20 % durante el período 1999-2004 (basado en 17 países de la UE, así como en los países candidatos Bulgaria y Rumanía) (155).

En general, la mayoría de solicitudes de tratamiento por consumo de cocaína en Europa no tienen relación con el crack. Según los informes, alrededor del 80 % de los nuevos pacientes de cocaína en centros ambulatorios consumen hidrocloruro de cocaína (cocaína en polvo) y menos de un 20 % consume crack. No obstante, es posible que los consumidores de crack representen un desafío particular para los servicios de tratamiento, ya que suelen pertenecer a un estrato social más marginado que los consumidores de cocaína en polvo. Un estudio europeo sobre el consumo de cocaína (cocaína en polvo y crack) revela que existe relación entre el consumo de crack y los problemas sociales y de salud mental. Sin embargo, el estudio también demuestra que el consumo de esta sustancia por sí solo no es suficiente para explicar los problemas sociales o de salud mental (Haasen et al., 2005). Otro estudio reciente realizado con 585 consumidores de cocaína y crack en Escocia pone de manifiesto que los consumidores de crack tienen más probabilidades de poseer un historial más dilatado de consumo problemático de drogas y estar más involucrados en actividades delictivas (Neale y Robertson, 2004, citado en el informe nacional del Reino Unido).

En cuanto al perfil de los consumidores de cocaína en entornos ambulatorios, los nuevos pacientes que consumen cocaína como droga principal suelen ser mayores que los consumidores de otras drogas: el 70 % se encuentra entre los 20 y los 34 años de edad, con un grupo menor (13 %) de entre 35 y 39 años de edad (156).

La cocaína se consume con frecuencia en combinación con otras drogas legales o ilegales complementarias, como el cannabis (31,6 %), los opiáceos (28,6 %) o el alcohol (17,4 %) (157). Los estudios locales de consumidores de drogas por vía parenteral indican que, en algunas zonas, podría estar aumentando la popularidad de la combinación de heroína y cocaína en una sola inyección, combinación a la que los consumidores suelen llamar «espídbol». Actualmente, la combinación de opiáceos y cocaína aparece con mayor frecuencia en la información obtenida de los pacientes en tratamiento. De entre los pacientes que afirman consumir principalmente opiáceos, el 31 % en Italia, el 42 % en los Países Bajos y el 44 % en el Reino Unido declaran consumir cocaína como droga secundaria, y de los pacientes que consumen principalmente cocaína, un 28 % en Italia y un 38 % en el Reino Unido declaran consumir opiáceos como droga secundaria.

Tratamiento de la dependencia de cocaína

Todavía no existen pruebas suficientes para abogar por el tratamiento farmacológico de la adicción a la cocaína u otros psicoestimulantes. Sin embargo, en su completo examen de la bibliografía sobre el uso de farmacoterapias en consumidores de psicoestimulantes, Shearer y Gowing (2004) concluyen que la terapia de sustitución, que ha cosechado el éxito en el caso de la adicción a los opiáceos y la nicotina y posee el potencial de atraer y retener a los consumidores en tratamiento, todavía no ha sido probada de forma conveniente entre los consumidores de estimulantes. El OEDT ha publicado recientemente un examen (158) de la bibliografía sobre la reacción y la efectividad del tratamiento de los consumidores de cocaína, incluidas las respuestas a los trastornos mentales de los consumidores de crack.

En algunos países, incluidos los Estados Unidos y el Reino Unido, se están realizando actualmente inversiones considerables en el desarrollo de tratamientos de inmunoterapia, a través de la creación de anticuerpos que puedan interceptar la cocaína en el torrente circulatorio antes de que alcance el sistema nervioso central (véase el recuadro sobre inmunoterapia para los adictos a la cocaína).


Recuadro 13: Inmunoterapia para los adictos a la cocaína

A diferencia de la adicción a la heroína, que se puede tratar con agonistas como la metadona o antagonistas como la naltrexona, no existe actualmente ningún tratamiento médico para la adicción a la cocaína. La razón parece residir en el mecanismo de acción a través del cual la cocaína influye en los neurotransmisores dopamina y serotonina del cerebro. Mientras que la heroína se une a los receptores de opiáceos del cerebro, como los receptores μ, y por lo tanto imita la acción de las endorfinas del cerebro, la cocaína, una vez ha producido su efecto, impide la reabsorción de la dopamina (y también de la serotonina) de la sinapsis neuronal. Este proceso provoca un aumento de la concentración de los neurotransmisores y, por lo tanto, prolonga e intensifica su efecto.

Esto no significa necesariamente que no sea posible elaborar un tratamiento médico para la adicción a la cocaína, aunque sí puede resultar más difícil y puede implicar conceptos diferentes a los que se emplean para desarrollar tratamientos para la dependencia de heroína.

Una vía de investigación interesante es el uso de la inmunoterapia, es decir la creación de una vacuna que impida que la droga llegue al cerebro y, por lo tanto, neutralice de forma efectiva la acción de la cocaína. El concepto básico se ha sometido a los primeros ensayos. Una vacuna desarrollada en el Reino Unido se analizó con un reducido número de adictos a la cocaína, un total de 18 personas, durante un período de 14 semanas. Los resultados revelaron que tres cuartos de la cohorte de consumidores adictos a la cocaína vacunados pudieron dejar de consumir la droga durante un período de tres meses sin experimentar ningún efecto secundario indeseado. Además, después de seis meses, tanto los consumidores que recayeron como los que no volvieron a consumir cocaína afirmaron que las sensaciones de euforia no eran tan fuertes como antes de la vacunación. Como consecuencia de estos resultados la vacuna, conocida como conjugado de droga-proteína TA-CD, se encuentra en la segunda fase de ensayos clínicos. Otro enfoque alternativo de inmunoterapia consiste en el desarrollo de anticuerpos monoclonales de cocaína, pero esta opción sólo ha sido sometida a ensayos preclínicos.

El beneficio potencial de la vacuna TA-CD para el tratamiento de la adicción a la cocaína ha provocado dilemas éticos sobre el uso de la vacuna, como quién recibiría la vacuna, quién tomaría la decisión y según qué criterios, etc.


En estos momentos, la opción de tratamiento para los consumidores de cocaína y otros psicoestimulantes que se considera más prometedora es la combinación de varios tratamientos psicosociales específicos. La combinación del enfoque de refuerzo comunitario (community reinforcement approach, CRA) y el contrato de contingencias han demostrado reducir el consumo de cocaína a corto plazo (Higgins et al., 2003; Roozen et al., 2004).

El enfoque de refuerzo comunitario es un método de tratamiento intensivo que implica a la familia, amigos y otros miembros del entorno social del paciente durante el tratamiento y consiste en enseñar a los pacientes a establecer contactos sociales, mejorar su autopercepción, encontrar trabajo y descubrir actividades de ocio gratificantes para cambiar su estilo de vida (Roozen et al., 2004). El contrato de contingencias es un método que tiene como objetivo influir en el comportamiento del paciente mediante incentivos específicos, como regalos, vales o privilegios, que se consiguen cuando las muestras de orina no contienen rastros de cocaína. Al combinar este método con el refuerzo comunitario se han conseguido efectos positivos tanto relativos al consumo de droga como al funcionamiento psicosocial de los pacientes adictos a la cocaína durante la fase de tratamiento y el seguimiento después del tratamiento, aunque los efectos en el consumo de cocaína se limitan al período de tratamiento (Higgins et al., 2003).

Los nuevos enfoques para los grupos altamente problemáticos de consumidores de heroína que también consumen cocaína y crack se centran en la reducción de los daños como objetivo principal del tratamiento y utilizan terapias de comportamiento, más concretamente, enfoques de contrato de contingencias, junto con programas de mantenimiento con metadona o tratamiento asistido con heroína (Schottenfeld et al., 2005; Van den Brink, 2005; Poling et al., 2006).

Enfoques para la reducción de daños

En Europa, se han desarrollado muy pocos enfoques para la reducción de daños dirigidos al consumo de cocaína. Actualmente, gracias a una mayor concienciación sobre la envergadura del consumo de cocaína y los problemas relacionados con esta droga, las tendencias podrían cambiar y podría aumentar el interés por encontrar soluciones que se ajusten a las necesidades de los consumidores de cocaína. La importancia de la prevención y los enfoques para la reducción de daños de cara a disminuir los riesgos que se asocian al consumo de cocaína todavía no se ha estudiado en profundidad. No obstante, existen varios ámbitos que podrían resultar idóneos para desarrollar este tipo de enfoques. Por ejemplo, los consumidores de cocaína podrían beneficiarse de las intervenciones que tienen por objeto aumentar la toxicidad de las combinaciones de cocaína y alcohol, la relación potencial entre el consumo de cocaína y los problemas cardiovasculares o los comportamientos relacionados con el consumo de esta droga que puedan aumentar el riesgo de los consumidores de contraer el VIH o convertirse en víctimas de un accidente o un delito violento. El consumo de cocaína puede aumentar de manera brusca y, por lo tanto, puede resultar útil estudiar intervenciones breves que alerten a los consumidores de que podrían comenzar a experimentar consecuencias negativas producidas por el consumo de esta sustancia.

Por otro lado, el consumo de crack acarrea serios problemas sociales y de salud y, por este motivo, se dispone de mayor experiencia sobre el desarrollo de servicios en este ámbito, aunque sólo existen actividades en las relativamente pocas ciudades de Europa que han experimentado problemas importantes con esta sustancia. En numerosas ciudades se han llevado a cabo, en el marco del trabajo de proximidad, medidas dirigidas a los consumidores de crack. Con estas medidas se pretende llegar a un grupo con el que la colaboración se considera difícil. A pesar de que, en general, el conjunto de datos sigue siendo relativamente limitado, algunos estudios sugieren que se pueden conseguir efectos positivos. Por ejemplo, un estudio sobre un innovador programa de tratamiento de proximidad en Rótterdam (Henskens, 2004, citado en el informe nacional de los Países Bajos) determina factores importantes para tratar a este grupo de pacientes, que a menudo se muestran reticentes a participar en los servicios convencionales de tratamiento.

Las pautas compulsivas del consumo de crack y cocaína pueden coincidir con una mayor predisposición a aceptar comportamientos sexuales arriesgados. De hecho, algunos programas de bajo umbral están especialmente dirigidos a los trabajadores de la industria del sexo que consumen crack, y pretenden aumentar la seguridad en las relaciones sexuales y en el consumo de drogas de este colectivo, además de distribuir condones y lubricantes (véase la cuestión particular sobre género).

En algunas ciudades europeas se han adoptado enfoques más controvertidos, como integrar la inhalación de drogas en las salas de consumo seguro, normalmente dirigidas al consumo de drogas por vía parenteral. Se han abierto salas para la inhalación supervisada en varias ciudades neerlandesas, alemanas y suizas (OEDT, 2004c). A pesar de que el principal objetivo de estos servicios es supervisar la higiene en el consumo, existen también indicios que apuntan a que pueden servir para orientar a los consumidores hacia otras opciones de asistencia. Por ejemplo, el seguimiento de una de estas salas en Fráncfort, Alemania, ha demostrado que, durante un período de evaluación de seis meses en 2004, se supervisaron más de 1 400 consumos, mientras que se registraron 332 conversaciones de contacto, 40 sesiones de asesoramiento y 99 derivaciones a otros servicios para la drogodependencia.


(133) Véase «Interpretación de las incautaciones y otros datos de mercado».

(134) Todos los vuelos que provienen de las Antillas Neerlandesas, Aruba, Surinam, Perú, Venezuela y Ecuador se controlan al 100 %; en 2004, se arrestaron 3 466 contrabandistas de droga como resultado de estos controles y 620 como resultado de controles regulares (informe nacional neerlandés).

(135) Este dato deberá cotejarse con la información correspondiente a 2004, cuando se disponga de ella. Faltan los datos relativos al número de incautaciones de cocaína y cantidades aprehendidas en Irlanda y el Reino Unido en 2004; además, faltan los datos relativos al número de incautaciones de cocaína en los Países Bajos en 2004. Con fines estimativos, los datos no disponibles para 2004 fueron reemplazados por los datos correspondientes a 2003. Los datos sobre las cantidades aprehendidas en 2004 facilitados por los Países Bajos son sólo estimativos y no pueden ser incluidos en el análisis de tendencias de 2004.

(136) Véase el cuadro SZR-9 del boletín estadístico de 2006.

(137) Véase el cuadro SZR-10 del boletín estadístico de 2006.

(138) Véase el cuadro PPP-3 del boletín estadístico de 2006.

(139) Tomando 1999 como año base a efectos del valor del dinero en todos los países.

(140) Durante el período 1999-2004 se dispuso de datos sobre los precios de la cocaína de al menos tres años consecutivos en Bélgica, la República Checa, Alemania, España, Francia, Irlanda, Chipre, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Polonia, Portugal, Eslovenia, Suecia, el Reino Unido, Bulgaria, Turquía y Noruega.

(141) Véase el cuadro PPP-7 del boletín estadístico de 2006.

(142) Durante el período 1999-2004 se dispuso de datos sobre la pureza de la cocaína de al menos tres años consecutivos en Bélgica, la República Checa, Dinamarca, Alemania, Estonia, España, Francia, Irlanda, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Hungría, los Países Bajos, Austria, Portugal, Eslovaquia, el Reino Unido y Noruega.

(143) Precursor que se emplea en la producción de cocaína y está incluido en el Cuadro I de la Convención de 1988.

(144) Estos datos no incluyen las cantidades de los envíos interceptados.

(145) Basado en una media ponderada de las cifras nacionales; para más información, véase la nota a pie de página ().

(146) Para más información sobre las cifras de cada país, véase el cuadro «General population surveys of drug use» [Encuestas de población general sobre el consumo de drogas] del boletín estadístico de 2006.

(147) Véase el gráfico GPS-9 del boletín estadístico de 2006.

(148) Encuesta de 2001. La encuesta de 2003 no incluía un desglose por géneros de los grupos de edad de 10 años.

(149) Fuente: 2004 National Survey on Drug Use and Health [Encuesta nacional sobre consumo de drogas y salud 2004] (http://oas.samhsa.gov/nsduh.htm#nsduhinfo). Obsérvese que el margen de edad utilizado para «todos los adultos»en la encuesta estadounidense (a partir de 12 años) es más amplio que el margen estándar utilizado para las encuestas europeas (de 15 a 64 años). Las cifras correspondientes al grupo de edad de 16 a 34 años para la encuesta de EE.UU. han sido recalculadas por el OEDT.

(150) Véase la nota a pie de página (70).

(151) Véase el gráfico TDI-2 del boletín estadístico de 2006.

(152) Véase el cuadro TDI-5 del boletín estadístico de 2006; los datos de España corresponden al año del informe de 2002.

(153) Véase el cuadro TDI-4 del boletín estadístico de 2006.

(154) Véase el cuadro TDI-23 del boletín estadístico de 2006.

(155) Véase el gráfico TDI-1 del boletín estadístico de 2006.

(156) Véase el cuadro TDI-10 del boletín estadístico de 2006.

(157) Véase el cuadro TDI-24 del boletín estadístico de 2006.

(158www.emcdda.europa.eu/?nnodeid=400.